El arbitraje mexicano es malo, pero ¿corrupto?

Casi cada jornada, hay cuando menos un partido del futbol mexicano envuelto en una polémica arbitral, lo comenta Armando Navarro en su columna

Por Armando Navarro

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El futbol nuestro de cada día…

Casi cada jornada, hay cuando menos un partido del futbol mexicano envuelto en una polémica arbitral, porque alguna marcación del nazareno del encuentro despertó la discusión de si fue correcta o no.

En un partido hay tantos árbitros como espectadores están presentes en el estadio o lo sigan a través de la televisión, la gran mayoría sin un conocimiento real del reglamento de juego, pero todos con una gran capacidad de opinión fuertemente influenciada por el amor a los colores de su equipo; lo que hace que muchas de esas opiniones pierdan por completo la objetividad, pero siempre dan origen a la polémica.

Todo eso forma un caldo de cultivo excelente para que los comentarios de los periodistas, que en muchos casos tampoco tienen un real dominio del reglamento, hagan todavía más espesa la polémica; y se adereza aún más con los juicios de comentaristas y de exárbitros con etiqueta de expertos metidos a analistas en los diferentes espacios de los medios de comunicación más populares.

Con la utilización de la tecnología y la implementación del VAR (Video Assistant Referee) se pensó que las fallas o errores arbitrales, si no desaparecerían sí se disminuirían notablemente, evitándose entonces las especulaciones que generan tantas polémicas.

Pero resulta que el VAR tampoco ha podido evitar las controversias por la simple y sencilla razón de que lo que se examina en sus pantallas es interpretado por un grupo de personas que tienen y siguen ciertos criterios, mismos no se conocen a ciencia cierta fuera de ahí; entonces los integrantes del VAR y el árbitro analizan los hechos según esa particular apreciación y toman una decisión que casi nunca deja satisfecho a nadie.

Para colmo de males, en el medio periodístico del futbol mexicano, hay algunos personajes que, aprovechando esas circunstancias, y enfundados en el papel de críticos, hacen denuncias incendiarias, sugiriendo amaños para beneficiar a ciertos equipos,

Se va enreda tanto la madeja que no solo no se logra que todo mundo esté de acuerdo en lo acertado de una decisión, sino que además se hacen señalamientos que, en mi opinión, solo buscan raiting para un espacio o captar atención para el personaje en cuestión, pues nunca se presentan pruebas de nada, solo se sueltan al aire juicios sin sustento; y como tenemos poca memoria pasado un tiempo nadie se acuerda de acusaciones que por su gravedad deberían traerle consecuencias a quien las soltó tan alegremente.

Así acaba de suceder este fin de semana en el clásico capitalino entre América y Pumas, que finalizó con la victoria americanista por la mínima diferencia, en un duelo muy cerrado y con algunas jugadas controversiales que provocaron acaloradas discusiones.

Y no faltaron los acusadores lapidarios que a voz en cuello achacaron a un arbitraje tendencioso el triunfo águila o la derrota puma, alguno por iniciativa propia y otro haciéndose eco de las declaraciones del Turco Mohamed, técnico universitario, haciendo más grandes sus aseveraciones de un arbitraje mañoso.

Si se quiere ser serio y se tienen las pruebas de que en el arbitraje del futbol mexicano hay algún tipo de corrupción, y que la misma obedece a la intención de favorecer a ciertos equipos, hay que proceder en consecuencia presentando a quien corresponda una acusación formal para que se tomen las medidas necesarias y se castigue a los culpables.

Pero no pasa nada, todo queda en habladas de los mismos tipos de siempre, que actúan igual cada vez que se les antoja, insisto, más buscando el lucimiento personal que el beneficio del futbol azteca.

Al arbitraje mexicano se le puede acusar de malo, malísimo en muchas ocasiones diría yo, porque semana a semana somos testigos de pésimas actuaciones, algunas verdaderamente desastrosas, producto de una gran incompetencia; de un conocimiento deficiente del reglamento, de una mala preparación física, de falta de sentido común, de carencia de personalidad, etc.; pero de esto a la corrupción hay un tramo bastante largo, sobre todo si no se aportan las pruebas necesarias y todo queda en habladas sin sustento.

No meto las manos al fuego por nuestros árbitros, hay unos malotes, pero malotes de Malolandia, pero para acusarlos de amafiados hay que tener los pelos de la burra en la mano en este futbol nuestro de cada día.            

e-mail: anavarrolopez@aol.com 

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