El futbol, ¿ganar campeonatos o ganar dinero?

Las posibilidades de cada equipo son diferentes y dependen de muchos factores, que van desde la capacidad, conocimientos, experiencia y presupuesto

Por Armando Navarro

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El Futbol Nuestro de Cada Día…

Antes del inicio de cada torneo o competencia, al planear la participación de cada equipo, la gente de pantalón largo, encargada de armar el proyecto, manifiesta, sin dudas, su objetivo principal de ganarla.

Claro que las posibilidades de cada uno de los participantes de una competencia son diferentes y dependen de muchos factores, que van desde la capacidad, conocimientos, experiencia y presupuesto que se tenga para integrar el proyecto.

Seguramente el factor financiero es el más determinante para poder dar factibilidad a los planes de una institución futbolística, aunque no necesariamente garantiza el éxito.

Cuántas veces hemos visto fracasar proyectos formidablemente sustentados, porque no bastó contar con los recursos monetarios necesarios si no contaron también con la capacidad de aplicarlos adecuadamente.

Las posibilidades de éxito de cada equipo son multifactoriales y muy variables, pero es el elemento humano, de suma importancia, el que más incertidumbre presenta, pues las personas son más impredecibles de lo que pudiéramos imaginarnos.

Y hablo tanto de los jugadores y cuerpo técnico seleccionados en la planeación, como de quienes tienen bajo su responsabilidad la integración del proyecto, y cada uno tiene sus propios objetivos e intereses; entonces el secreto está en saberlos conjugar y dirigir hacia un objetivo común.

Pero ésta es solo una cara de la moneda, del otro lado está la afición; a la que lo que le importa es que su equipo sea un contendiente ganador, que piensa que tiene derecho a exigirlo por el simple hecho de ser seguidor y comprar habitualmente su boleto para asistir a los juegos; y no deja de tener razón, paga una entrada para ver un espectáculo; y asume que va implícito el triunfo de su equipo favorito, lo que ciertamente no está garantizado en el billete de acceso.

Y con estas dos caras de la moneda, que no necesariamente son coincidentes en sus expectativas, empiezan las discrepancias, porque ahora resulta que hay instituciones futboleras que no tienen como mira principal ser campeones, aunque no lo admitan abiertamente.

Todos los equipos cantan a voz en cuello sus deseos de ser campeones, aunque hacia su fuero interno tengan otros planes muy diferentes, en privado están convencidos de que su misión no es la de ser el ganador absoluto de la competencia, tal vez porque esa camiseta les queda grande, y será muy posiblemente porque sus alcances son cortos, aunque no necesariamente poco ambiciosos.

Hoy está de moda para algunos clubes decir que son instituciones formadoras de jugadores, con un interés mayor en venderlos que en conservarlos para tener un cuadro fuerte y con posibilidades de campeonar.

No lo manifiestan abiertamente, no, más bien siempre los ocultan tras la excusa de abrir oportunidades a los nuevos valores, y cuando las cosas les salen más o menos bien presumen sus plantillas juveniles y van preparando el terreno para negociarlos a la primera oportunidad.

Negocio es un término satanizado en el futbol por el aficionado común, que piensa que el directivo no tiene otro propósito más que fabricar jugadores o contratarlos muy jóvenes para después de un corto periodo de “maduración” promover su venta al mejor postor, algo hay de razón en esta aseveración, porque no ve la intención del directivo de tener un objetivo en comunión con la afición, que es formar el equipo con las mayores posibilidades de resultar campeón de la competencia.

Y no es que sea malo que el futbol sea negocio, es más debe serlo para tener viabilidad, pero sin perder el espíritu de triunfo deportivo que debe estar siempre presente en la meta de una institución de futbol y que finalmente es lo que el aficionado busca.

 Aquel romanticismo futbolero que dio vida a esta frase en el balompié de España: “Viva el Betis manque pierda”, o aquello de estar con el equipo “en las buenas y en las malas” va perdiendo vigencia en la mediad que la afición se siente traicionada por un club que no le retribuye con campeonatos su apoyo, y de a poco va dejando de ser incondicional.

Los grandes equipos del mundo han llegado a serlo porque han sabido construir su grandeza con campeonatos, y los han reiterado sistemáticamente; sus historias son cadenas de triunfos, y estos solo se dan con la visión de armar cuadros consistentes y plagados de grandes jugadores, tanto llegados de fuera como surgidos de su propia cantera.

Han tenido como común denominador ser los mejores de cada competición y esto está siempre en la mente de quienes han detentado su gestión administrativa, su gran negocio ha sido darles a sus aficiones la manera de acariciar la gloria con frecuencia.

Porque el fan es espectador y en la medida que se multiplique será un mercado muy atractivo para los espónsores, para el marketing, para la TV, que son los argumentos que le dan factibilidad a la economía de los equipos de futbol.

En el futbol mexicano podemos identificar y contar con los dedos de la mano los equipos cuya meta permanente es ser campeón: América, Monterrey, Tigres, Toluca y Chivas, tal vez Cruz Azul en otros tiempos; está bien claro que estas instituciones ponen en la mesa los recursos y argumentos necesarios para conseguirlo.

Algunos otros hacen como que quieren, pero terminan refugiándose en el cuento de la “formación de jugadores”, y ni forman tantos y les quedan a deber a sus fanáticos, que se van cansando de esta historia, que además nunca es admitida abiertamente por las directivas, por la simple razón de que ni ellos se la creen.

En la comarca lagunera la afición ha estado sufriendo esta realidad, Santos se ha dedicado más a vender que ha construir un equipo con posibilidades reales, como lo ha llegado a tener, por algo ha conquistado seis títulos de liga en su corta historia; pero desde hace algunas temporadas al cuadro de la comarca su directiva le ha sumado menos de lo que le restado.

Con las buenas actuaciones de Carlos Acevedo, Juan Brunetta y Harold Preciado, los seguidores santistas están seguros de que emigrarán pronto de la institución verdiblanca; lo que ensombrece el panorama del conjunto para el próximo torneo.  

La gran afición lagunera hoy está más que desilusionada en este futbol nuestro de cada día.

                                                           e-mail: anavarrolopez@aol.com           

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