El verdadero valor de la honorabilidad

Aparentemente la Real Federación Española no puede cesar a Luis Rubiales, pero él debería tener la vergüenza para renunciar, lo comenta Armando Navarro

Por Armando Navarro

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El Futbol Nuestro de Cada Día

Hace una semana, les comentaba sobre el bochornoso incidente protagonizado por Luis Rubiales, presidente de la Real Federación Española de Futbol (RFEF), al besar en la boca y sin su consentimiento, a Jennifer Hermoso, integrante del seleccionado español de futbol femenil, que ganó el campeonato en el pasado mundial de Australia & Nueva Zelanda 2023.

El inusitado hecho, ocurrido durante la entrega de medallas de la ceremonia de premiación; y que causó de inmediato indignación y virulentas reacciones de condena por lo nada apropiado de la acción, calificada como un abuso superlativo y hasta agresión sexual por parte del federativo español, de quien se esperaba dimitiera o fuera separado de su cargo.

Pues a la fecha no ha sucedido ni una cosa ni la otra, si bien la FIFA lo suspendió de sus funciones por noventa días, nadie sabe que pasará al termino del plazo, pues Rubiales, que al parecer sigue montado en su macho, no ha dimitido; pero tampoco la RFEF ni ninguna otra autoridad le han exigido su renuncia.

Se dice que la propia RFEF está imposibilitada, por estatutos, de separarlo de su cargo; porque, según el portal de noticias de Antena 3, aunque la RFEF es el máximo organismo del fútbol en España, y tiene el poder de suspender a Luis Rubiales, promoviendo una moción de censura que cuente con el apoyo del resto de los miembros que componen su Asamblea General; esta medida presenta algunos impedimentos, entre los que destacan las fechas.

Una moción de censura a un presidente no se puede presentar en los primeros seis meses de su mandato ni cuando queden 6 meses o un año para que tengan lugar unas elecciones. Estas medidas, que fueron establecidas por el Real Decreto de Procesos Electorales en Federaciones Deportivas, hacen que la RFEF se encuentre atada de manos a la hora de tomar una decisión.

Pero más allá de situaciones legales, se dice que, por dignidad, por vergüenza propia, por proteger a su familia y a él mismo de una mayor deshonra, Luis Rubiales debería renunciar; pero al parecer es mayor su ambición económica que su honor personal y el de su familia.

Es un hecho, que, en cualquier ámbito laboral, si alguien renuncia a su puesto, no tiene derecho a nada, porque su separación del cargo obedece a una decisión personal, cualquiera que esta sea; pero si la institución es la que toma la decisión de separar a alguien, deberá pagarle una compensación o indemnización; y a ésta, es a lo que menos aspiraría Luis Rubiales.

Me comenta mi buen amigo Roberto Antolín, periodista deportivo español, que es un hecho que, a Rubiales llegar a su encargo como presidente le ha costado mucho trabajo como para renunciar a él; y yo agregaría que además lo ha colocado muy cerca del manejo de dineros que le puede, como se comenta con insistencia en el medio futbolístico hispano, significar buenos negocios y pingues ganancias.

En muy buena medida, este penoso caso ha sido muy politizado y muchos grupos han tratado de sacarle provecho de acuerdos a sus intereses, sobre todo por agrupaciones   feministas; pero también por otras que no lo son y que se han colgado de lo inusual del hecho para llevar agua a su molino.

Para las agrupaciones feministas, y sin pretender restarle importancia al desagradable suceso, el famoso pico robado les ha caído como anillo al dedo para arreciar sus exigencias y respeto a los derechos de la mujer, y tienen toda la razón, así se trate de algo en lo que tal vez se esté exagerando de alguna manera, haciéndolo aparecer como una agresión sexual y casi como una violación.

Sí fue muy poco oportuno, fuera de lugar, sin duda un abuso, seguramente una clara falta de respeto y hasta violencia de género, y más cuando fue sin consentimiento; fue muy impropio en pocas palabras y por lo tanto censurable y merecedor de una fuerte sanción por el contexto en que se dio; pero muy alejado de una verdadera agresión sexual o una real violación, que sí merecen la más severa de las sanciones y ciertamente la cárcel.

Pero Luis Rubiales le está apostando al tiempo, que conforme pase irá ciertamente   atenuando el interés en el asunto, quedará entonces en manos de los grupos de interés, que no son pocos, el que esto no suceda y el federativo español asuma las consecuencias de su deplorable comportamiento.

En todo caso, es una verdadera pena que Luis rubiales no muestre el más mínimo aprecio por su buen nombre y la respetabilidad de su familia, a la que ha empujado hasta el extremo de una huelga de hambre de su madre, seguramente movida por su amor filial, pero también impulsada por la propia desvergüenza de su hijo, que sin recato alguno se asume como víctima de un linchamiento al que califica como asesinato social.

La pregunta que flota ahora en el ambiente futbolístico español y mundial es: ¿cuál es el  verdadero valor del buen nombre de alguien que, después de un acto reprobable, no está dispuesto a asumir sus consecuencias, ni a renunciar a su posición de poder y lo que esto puede significarle económicamente? y más aún, ¿cuánto vale entonces su honorabilidad a ojos de sus pares en este futbol nuestro de cada día.

e-mail: anavarrolopez@aol.com           

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