Mientras la MLS se prepara para su nueva temporada y la Selección Argentina afila sus garras para defender la corona en el Mundial 2026, Lionel Messi, su estandarte, encuentra su victoria más personal en la tranquilidad de su hogar en Florida. Lejos de los reflectores y las multitudes, el astro rosarino revela una faceta íntima donde los placeres simples—una bebida peculiar, la rutina familiar y la valiosa soledad definen su vida fuera de las canchas.
En una conversación sincera con el programa Nadie dice Nada, Messi compartió detalles que pintan a un hombre deliberadamente ordinario. «Me gusta el vino, tomo así vino… si no es la misma de siempre: vino y Sprite para que pegue rápido y pasa bien», confesó con una sonrisa el capitán del Inter Miami. Esta mezcla, conocida en España como «Tinto de Verano», es su refrescante elección para el clima cálido de Miami.
Sin embargo, el vino no es cualquiera. Se trata del Syrah de su propia «Lionel Collection», un proyecto personal de alta gama producido en colaboración con la premiada bodega MM Winemaker. Con uvas de la región italiana de Puglia, este vino—que el propio Messi describe como su «champagne cordobés»— tiene aromas a frutos negros y especias, y refleja su filosofía: «Siempre busco que lo que lleva mi nombre tenga calidad y esté hecho con dedicación». Con un valor que ronda los 60 euros, la botella es un lujo accesible solo a través de la tienda online de la bodega.
La rutina de un ícono
Más allá del vino, la verdadera esencia de su paz reside en su vida familiar. Messi y Antonella Roccuzzo han intercambiado el vértigo europeo por la calma predecible de Miami. «Acá vivo mucho más tranquilo», admitió, valorando el anonimato relativo y la posibilidad de acompañar de cerca a sus hijos, Thiago, Mateo y Ciro, en sus actividades escolares y deportivas. «Hacemos una vida rutinaria. Acá también dependemos mucho de los niños. Estamos mucho detrás de ellos con horarios y entrenamientos».
Este énfasis en lo doméstico revela a una persona que atesora el silencio tanto como las ovaciones. «Tengo mi parte de que soy más raro que la mierda. Me gusta mucho estar solo», confesó. «Por ahí el quilombo de la casa con los tres chicos corriendo para todos lados me termina saturando y me gustan mis momentos de soledad».