Un penal… ¿es gol seguro o resulta una payasada?

Un penalti errado es un penalti mal ejecutado, esta verdad, que parece absoluta, suele ser relativizada según la óptica de quien la juzgue;

Por Armando Navarro

Futbol Martin Palermo 1000-750

El futbol nuestro de cada día…

Un penalti errado es un penalti mal ejecutado, esta verdad, que parece absoluta, suele ser relativizada según la óptica de quien la juzgue; pero lo cierto es que cuando se cobra una pena máxima, como se denomina al mayor castigo que se puede aplicar en el futbol, todas las ventajas son para el ejecutor, que tiene prácticamente en el paredón de fusilamiento al guardameta enemigo.

La distancia reglamentaria del punto penal es de once metros entre el manchón y la linea de meta, por lo que se trata de una verdadera fusilata, pero además el portero debe mantener cuando menos un pie en contacto con la línea de meta o estar detrás de ésta antes de que el tirador ejecute su disparo, lo que deja al guardameta con escasas posibilidades de impedir que el balón penetre dentro de su marco de 7.32 por 2.44 metros.

Y no puede ser de otra manera, cuando de lo que se trata es de sancionar de la manera más estricta a un equipo por haber cometido una falta dentro de su área penal, que generalmente son faltas realizadas tratando de salvar una ocasión inminente de gol, o sea una falta con todas las agravantes.

Se afirma que un penalti es casi un gol, pero ningún jugador está exento de fallar, casi todas las grandes estrellas del firmamento futbolístico habrán marrado algún penal en su carrera, Marín Palermo, goleador histórico de Boca Juniors, tiró a la basura tres penales en un mismo partido; al fin que los futbolistas también humanos son y “Errare humanum est”, que en latín significa literalmente: «Errar es humano».

Se considera que es intrínseco a la naturaleza humana el equivocarse, por lo que hay que aceptar los errores, pero también hay que aprender de ellos para evitar que se repitan, y además escarmentar en cabeza ajena, para no repetir los mismos yerros cometidos antes por otros.

Pero como me comentaba un buen amigo, empresario y directivo de futbol ya fallecido, Don José Muguerza, el futbolista es de otro planeta; y lo decía porque pareciera que no siempre actúan con una lógica convencional; pero yo diría que simplemente responden con más puntualidad a su condición humana, solo baste recordar que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, según reza un refrán popular.

Sin embargo, nada de lo anterior excusa a un jugador de la falla de un penal, aunque muchas veces tenga atenuantes: una gran reacción del arquero, por ejemplo, porque tampoco hay que restarle méritos a los guardavallas que tienen la habilidad o cualidad de ser grandes atajadores de penales, que los hay bastantes.

Pero esa habilidad que puede desarrollar un cancerbero, mucho tendrá que ver con una   cuestión sicológica que permite a esos goleros ponerse por encima del ejecutor, obligándolo, si me permiten la expresión, a mal cobrar una pena máxima, y más éste si intenta algo poco usual o estrafalario en la ejecución.

Un penal se puede cobrar de muchas formas, algunas muy extrañas o muy alejadas de la ortodoxia futbolera, y entre más se alejan de esta ortodoxia más frecuente es que se erren; y aquí es donde no se puede concebir que haya penaltis cuya ejecución no solo es tan mala que se termina fallando, sino que además comprometen el trabajo colectivo de un equipo en aras de una decisión individual; no se puede olvidar nunca que el futbol es un deporte de conjunto, y que siempre se debe de privilegiar al equipo, pero hay jugadores que, tal vez por lucimiento personal, se olvidan que pertenecen a un colectivo al que se deben por encima de todo.

El penalti a lo “Panenka”, también llamado penal de globito, vaselina o picado, es una forma de ejecutar un tiro penal que consiste en golpear suave al balón para introducirlo por el centro del arco, al percibir que el guardameta, se ha vencido hacia un costado; y no hay duda de que se necesita una especial habilidad para ejecutarlo, pero tiene su riesgo.

Si cobrando un penal como mandan los cánones balompédicos se corre el riesgo de fallar, imaginemos lo que puede pasar cuando se intentan cosas extrañas, simplemente se exacerba la posibilidad de malograrlo, y esto lo hemos visto en muy repetidas ocasiones.

Si acierta en un cobro de esa naturaleza es muy posible que el jugador sea hasta calificado como genio, pero si se equivoca también es muy posible que sea crucificado durante un buen tiempo, lo que sí es cierto, es que ningún jugador se puede dar el lujo de faltarle el respeto al trabajo de sus compañeros equivocándose con jugadas así.

Por eso es muy cuestionable la manera como Santi Giménez cobró este fin de semana un penal con su equipo Feyenoord en la Eredivise, ejecutándolo al controvertido estilo “Panenka” y fallándolo lamentablemente, al volar su disparo por encima de la cabaña del Waalwijk; desperdiciando así una clara oportunidad de gol para romper el empate y adelantar a su equipo en el marcador, aunque finalmente hayan conseguido el triunfo.

Santi es un jugador muy joven, a sus veintidós años muestra grandes cualidades, está teniendo una gran temporada, pero está en proceso de consolidación, no es de ninguna manera una gran estrella, todavía le falta mucho camino por recorrer; sin duda tiene los ojos de varios cuadros de renombre puestos en él, y es por eso qué debe ser muy cuidadoso en las decisiones que toma, pues se pueden convertir en errores que le pueden costar muy caro en su trayectoria.

Si la memoria no me engaña, Santi ha ejecutado cuatro penales en este año y ha errado tres, por lo que es, sin dudas, algo en lo que tiene que trabajar en serio, y dejarse de tonterías y payasadas, como intentar un Panenka en un juego formal; eso lo toma mucho en cuenta, para bien o para mal, quien toma la decisión de llevar a un jugador a su equipo, yo no creo que hable nada bien de una figura en ciernes, el que decida cobrar un penal de vaselina y lo haga tan mal como lo hizo el “Chaquito”, poniéndose en total evidencia de su falta de conciencia de lo que se juega partido a partido.

Ojalá que la gente cercana al ex cruzazulino hable con él y lo aterrice, empezando por su técnico Arne Slot, que no debe estar contento con la cruzazuleada de su jugador, pues el técnico también es responsable de estos episodios porque pocas veces toma medidas para evitar que sucedan.

Seguramente seguiremos viendo este tipo de acciones, que para mí son muchas veces   mamarrachadas poco oportunas, que ciertamente son también parte del espectáculo, pero que no se pueden intentar en cualquier momento, el jugador debe valorar muy bien cuando es pertinente regalarle al público una pincelada artística, para no comprometer el resultado del juego, ni tampoco faltarles el respeto a sus compañeros, ni tampoco vía de escarnio para el rival.

Las pinceladas artísticas en el futbol deben salir de la inspiración espontánea del jugador, no de la premeditación arbitraria que acompaña el cobro de un penal, en el que el tirador tiene todo el tiempo para planear como lo va a ejecutar, pero que en no pocas ocasiones lo convierte en un ridículo fenomenal.

La pena máxima es cosa muy seria en el futbol, con la misma seriedad deben tomarla los futbolistas, para no transformarla en una verdadera bufonada en este futbol nuestro de cada día.

                                                           e-mail: anavarrolopez@aol.com           

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